Salí de la escuela y empecé a caminar rumbo a mi casa. La sola idea era una locura. Estaba bastante lejos pero no tenía ganas de ver a nadie. Solo deseaba poner mi mente en blanco y encontrar respuestas. No sucedió. Al ir caminando comencé a sentir de nueva esta cosquilla en lo más profundo de mi pubis, me recorría un escalofrío y en mi nariz aun podía percibir el olor de esas dos vergas viejas y dispuestas para cuando yo las quisiera.
Me dispuse a ir rumbo a mi casa pero no llegaría directamente ahí. Una idea demasiado enferma se empezó a meter en mi cabeza. Conforme caminaba y sentía el roce de mis labios en mi entrepierna, la lujuria se incrementaba de una manera incontenible. Vinieron a mi deseos de lo más bajos. Recordé que cerca de mi casa hay un parque y siempre que iba a correr a ese lugar, había un señor viejo que barría la pista y cuidaba el lugar que siempre se me quedaba mirando mórbidamente. Siempre voy de pants o leggins deportivos y un top o sudadera, depende el clima pero este señor siempre clavaba su mirada en mi vagina y mis nalgas.
Un día me torcí el tobillo corriendo y el estaba cerca, se aproximó y me dijo que si me podía ayudar y sin preguntar tomo mi pie y lo empezó a masajear según, pero subió su mano hacia mi pantorrilla y me dio algo de miedo porque se veía tan enfermo que hasta pensé que me podría violar…. Justo lo que necesitaba ahorita
Tomé el camión y me dirigí hacia el parque rogando al cielo que este señor estuviera ahí. El tráfico se me hizo eterno. Iba desesperada, sentía un hormigueo en las manos que no podía controlar. Mi respiración se hizo agitada y sentía que el aire me faltaba. Eran todos los síntomas de un ataque de pánico.
Una parte de mi (Quizá mi conciencia) me decía que era muy peligroso. No sabía que podría hacerme este señor, además quedaba cerca de casa y podría verme algún conocido. Por otro lado estaban las enfermedades o infecciones que podría adquirir si seguía con estas prácticas con desconocidos. No sabía los hábitos del conserje ni del policía de la escuela. No sabía si se acostaban con más mujeres o quizá hasta con putas y yo mamándoles la verga y comiéndome su leche… de solo recordar, mi otro yo empezó a agitarse de nuevo. Sentía como de mi rajita empezaba a escurrir ese líquido baboso y espeso.
El camión libró el tráfico y empezó a ir más rápido, el cielo estaba más nublado y amenazaba con llover. Esa era muy buena señal ya que si llovía, la gente que estuviera en el parque se iría a sus casas y podría entrar de la forma más discreta posible.
Conforme el camión se acercaba al parque se veían escuetas gotas anunciando en el parabrisas del camión una brisa incipiente pero no por ello poco importante. Por mi casa, cuando empieza la brisa es el preludio de un aguacero severo así que todo pintaba más que perfecto.
Lo dicho. Unas cuadras antes de llegar al parque, la tormenta se desató. Grandes gotas de lluvia empezaron a golpear rítmicamente el toldo del transporte y curiosamente esto hizo que me mojara aun más. Me paré de mi asiento, me dirigí hacia la puerta de atrás y solicite la parada justo en la entrada del parque. Bajé del camión y pegué la carrera hacia la entrada. Me topé con dos señoras que salían corriendo rumbo a sus autos. Una de ellas me miró y me dijo que ya estaba todo mojado, que no se podía hacer ejercicio. Solo sonreí y seguí hacia adentro.
Me resguarde bajo un árbol para tomar un poco de aire. Los baños públicos tienen una pequeña caseta a un costado que sirve de lugar de descanso para el señor en cuestión.
Me arme de valor y Salí corriendo, cuando llegué al baño pude ver al guardia justo recargado en los torniquetes viéndome con cara de asombro pero de manera muy libidinosa ya que por el agua, mi blusa se mojó por completo y dejaba ver perfectamente la forma de mis tetas, mis pezones ya erectos se hacían visibles e invitaban a ser contemplados.
- Señorita, ¿qué hace aquí? Se está cayendo el cielo y no se puede hacer ejercicio ahorita ni pasear en el parque. Capaz que le cae un rayo ( re rio burlonamente)
- Si lo sé, es que aquí me bajo del camión para mi casa, vengo de regreso de la escuela pero me agarró la lluvia y no alcanzo a llegar a mi casa, de cualquier forma ya me mojé demasiado y no traigo nada para cambiarme y muero de frio, usted cree….
Pude ver como sus ojos se posaban sobre mis pechos, aproveche y jale mi blusa hacia abajo para que se pegara aun más y fueran muy notorios.
- Mire nada mas como se me mojó la blusa.
- Es lo que veo, traes hasta las luces altas.
- Oiga….. ¿porque me dice esas cosas? – Dije simulando un tono algo molesta.
- Es con respeto señorita, pero pues es que se ve muy bonita toda mojada.
- No es gracioso (simule una cara algo enojada pero sonreí un poco picara). ¿No tiene una toalla o algún trapo que me preste para ver si se puede secar mi blusa?
- Aquí en mi caseta tengo una toalla y una sudadera por si gusta y no le da cosita, está limpia por si se la quiere poner en lo que pasa la lluvia porque se ve que va a tardar.
- ¿Usted cree que tarde mucho en dejar de llover? ¿No creo que venga mucha gente ahorita verdad?
- No, ahorita ya hasta podría cerrar el parque. Aunque deje de llover como esta todo encharcado y mojado ya nadie viene hasta mañana.
- ¿En serio podría cerrar el parque? ¿Apoco no viene su jefe a verlo? – El saber que podría estar sola con él, sin interrupciones me excitó demasiado.
- No viene nadie. Solo que tengan evento o algo así pero pues nadie me dice nada….
- Y¿ porque no lo cierra mejor y me invita un café?
Me miro con los ojos desorbitados y me dijo:
- Pero si lo cierro, no vaya a pensar mal de mí. Nos quedaríamos solitos y luego… imagínese.
- ¿A poco no se acuerda de mi? Un día corriendo en fin de semana me torcí el tobillo y usted se acerco muy amablemente a sobarme.
Se le ilumino el rostro y esbozo una sonrisa. Se puso su impermeable y me dijo que iría a cerrar la puerta principal para que nadie interrumpiera ese café. Fue casi corriendo, pero eso no me impidió observarlo bien. Media aproximadamente 1.60 casi de mi estatura. Regordete, moreno, con una calvicie al estilo franciscano, manos toscas, con un olor algo agrio, como de sudor acumulado.
Me hizo fantasear en como tendría la verga, como seria, de qué color, tamaño, textura, olor, sabor.
Yo venía recién cogida. Aun sentía el sabor del semen de aquellos dos pero ya desea más y estaba segura que lo obtendría.
Vi como se acercaba corriendo, brincando los charcos de manera ineficiente hasta llegar a donde yo estaba. Me pidió que lo siguiera a su caseta. No fueron más allá de 10 pasos y estábamos entrando. El olor era a humedad y tenía una iluminación pobre. Sin ventanas, una mesita, un pequeño catre y un microondas de medio uso. Las paredes de ladrillo sin acabados ni nada, en resumen, demasiado austero.
El se quitó el impermeable y me estiró la mano con una toalla descolorida mientras buscaba en el catre la dichosa sudadera.
Yo me envolví en la toalla y empecé a frotar mi cabello para secarlo. El conectaba una pequeña parrilla eléctrica para poner un pocillo con agua y calentarla para hacernos un café.
Yo traía toda la ropa mojada así que necesitaba encontrar la manera de cambiarme pero al mismo tiempo de no verme tan ofrecida. Necesitaba que el tomara la iniciativa.
No tardaría mucho en hacerlo.
Se sentó en su silla y me miraba fijamente a los pechos, podía distinguir que ya se le estaba parando porque era demasiado evidente el bulto bajo su pantalón. Estaba sentado con las piernas abiertas y recargado en su totalidad cuando me preguntó:
- ¿No te da miedo quedarte encerrada en el parque conmigo? Eres muy bonita y estas muy chiquita.
- Pues ya tengo 18 y estoy por entrar a la universidad pero no me da miedo. Se ve que es buena persona. ¿a poco usted me haría daño?
- No, para nada. No te haría nada que tu no quisieras. ¿Por qué no te cambias? Te da pena que yo esté aquí?
- NO, para nada. Al contrario, agradezco su hospitalidad.
En ese momento me puse de pie. Comencé a desabrochar la blusa botón por botón hasta dejarla abierta por completo. No pude hacer nada más.
Sin previo aviso se levanto de su asiento se acerco muy rápido a mi y me quito la blusa de un jalón. Por reflejo di un paso hacia atrás pero quede pegada al muro. Me abrace cubriendo mi busto y mirándolo algo asustada en verdad pero a el no le importó. Me miraba y podía sentir el temblor de sus manos en mi cintura. Por unos segundos se quedó congelado pero no me quitaba la mirada de encima.
Yo le dije que no me hiciera daño, que no le diría a nadie que me ataco pero que por favor me dejara ir. Sin pensarlo y sin saber por qué las lagrimas asomaron por mis ojos, deslizándose por mi rostro copiosamente, comencé a sollozar y el solo me miraba. Dio un paso hacia atrás y se saco la verga. Una verga no muy grande pero si gorda, cabezona y cuando se jaló pude ver y oler que tenia días sin asearlo. De nuevo veía esa masilla blanca rebosante cubriendo ese glande. Pero a diferencia del conserje, este se veía más cubierto y olía mucho más agrio. Exagere los sollozos pero muy dentro de mi deseaba acercarme.
- Vamos a hacer algo chiquita. Yo te voy a dejar a ir después de que me lo chupes pero si dices algo o llego a tener algún problema por esto te juro que te vas a arrepentir. ¿Está claro?
- Si señor, pero por favor no me haga nada, le juro que no le diré a nadie.
- Ponte de rodillas.
Obedecí. Me pude de rodillas llevando mis manos hacia atrás. El avanzo ese paso que había retrocedido y su miembro quedó justo a la altura de mi boca. El olor se intensifico pero no me importó. Lo miré a los ojos y abrí mi boca. Se acercó un poco más hasta que su glande quedo justo rosando mis labios. Saqué la punta mi lengua y lo empecé a recorrer muy despacio sin meterlo a mi boca. Fui dejando que mis labios viajaran hasta la base de su verga y metí sus testículos a mi boca, los empecé a saborear con mucha calma dejando que mi lengua jugara con ellos.
La respiración de él era cada vez más agitada pero yo no le quitaba los ojos de encima.
Con una mano tomé esa verga gorda y cabezona y jale suavemente hacia la base para dejarla completamente expuesta. Metí a duras penas mi boca y con los dientes raspé esa masilla que se fue pegada dentro de mí. Jugué con ella dentro de mi cavidad oral, la degusté en mi paladar y ya que la tenía despegada abrí la boca y le mostré como tenía mi lengua nívea de toda ese esmegma. Con la otra mano lo tomé de los huevo y empecé a mamar frenéticamente. Cerré los ojos disfrutando de ese olor fuerte y sabor penetrante. El me sujeto del cabello fuertemente y empezó a mover mi cabeza para, literalmente cogerme por la boca.
Sin darme tiempo de nada, de un jalón me puso de pie, me dio la vuelta, me empinó y subió mi falda abrió mis nalgas y hundió su lengua hasta lo más profundo de mi culito. Por la impresión y la manera en que me estaba separando las nalgas, sin pensarlo me salió un pedo involuntario, el se aparto de un golpe y me disculpé sumamente apenada pero solo me ordeno que me callara. Se volvió a hincar y repitió la acción. Me empezó a gritar que quería que lo volviera a hacer. Salió uno más y el metía su lengua aun más profundo. La sensación de querer hacer del baño empezó a ser insostenible, mis piernas temblaban y salió un chorro de mi vagina mojando el piso, caí de rodillas presa del placer y de que seguía chorreando incontrolablemente.
Me tomó del cabello, me dio una pequeña bofetada para abrir mi boca. Lo hice pero ahora él se masturbaba frente a mí, muy cerca de mi boca hasta que un chorro grande y caliente llenó mi rostro. Le tome la verga y me la llevé a la boca, como becerro hambriento. Le mamé hasta la última gota, limpié mi cara con mis dedos y me lleve su semen a la lengua.
Me paré, acomode mi ropa y le dije que si me dejaba ir.
- Te voy a dejar ir chiquita solo si prometes regresar mañana y regalarme una tanguita usada.
- Así será. Créame que sí.
Nos dirigimos hacia la entrada del parque, la lluvia ya era solo una brisa insípida pero como el guardia había dicho, no había nadie en la calle. Justo antes de salir me dio una nalgada y metió su mano debajo de mi falda. Sentí sus dedos llegar hasta mi vagina y pasando por mi ano. Voltee a verlo y se estaba chupando los dedos
Me dispuse a ir rumbo a mi casa pero no llegaría directamente ahí. Una idea demasiado enferma se empezó a meter en mi cabeza. Conforme caminaba y sentía el roce de mis labios en mi entrepierna, la lujuria se incrementaba de una manera incontenible. Vinieron a mi deseos de lo más bajos. Recordé que cerca de mi casa hay un parque y siempre que iba a correr a ese lugar, había un señor viejo que barría la pista y cuidaba el lugar que siempre se me quedaba mirando mórbidamente. Siempre voy de pants o leggins deportivos y un top o sudadera, depende el clima pero este señor siempre clavaba su mirada en mi vagina y mis nalgas.
Un día me torcí el tobillo corriendo y el estaba cerca, se aproximó y me dijo que si me podía ayudar y sin preguntar tomo mi pie y lo empezó a masajear según, pero subió su mano hacia mi pantorrilla y me dio algo de miedo porque se veía tan enfermo que hasta pensé que me podría violar…. Justo lo que necesitaba ahorita
Tomé el camión y me dirigí hacia el parque rogando al cielo que este señor estuviera ahí. El tráfico se me hizo eterno. Iba desesperada, sentía un hormigueo en las manos que no podía controlar. Mi respiración se hizo agitada y sentía que el aire me faltaba. Eran todos los síntomas de un ataque de pánico.
Una parte de mi (Quizá mi conciencia) me decía que era muy peligroso. No sabía que podría hacerme este señor, además quedaba cerca de casa y podría verme algún conocido. Por otro lado estaban las enfermedades o infecciones que podría adquirir si seguía con estas prácticas con desconocidos. No sabía los hábitos del conserje ni del policía de la escuela. No sabía si se acostaban con más mujeres o quizá hasta con putas y yo mamándoles la verga y comiéndome su leche… de solo recordar, mi otro yo empezó a agitarse de nuevo. Sentía como de mi rajita empezaba a escurrir ese líquido baboso y espeso.
El camión libró el tráfico y empezó a ir más rápido, el cielo estaba más nublado y amenazaba con llover. Esa era muy buena señal ya que si llovía, la gente que estuviera en el parque se iría a sus casas y podría entrar de la forma más discreta posible.
Conforme el camión se acercaba al parque se veían escuetas gotas anunciando en el parabrisas del camión una brisa incipiente pero no por ello poco importante. Por mi casa, cuando empieza la brisa es el preludio de un aguacero severo así que todo pintaba más que perfecto.
Lo dicho. Unas cuadras antes de llegar al parque, la tormenta se desató. Grandes gotas de lluvia empezaron a golpear rítmicamente el toldo del transporte y curiosamente esto hizo que me mojara aun más. Me paré de mi asiento, me dirigí hacia la puerta de atrás y solicite la parada justo en la entrada del parque. Bajé del camión y pegué la carrera hacia la entrada. Me topé con dos señoras que salían corriendo rumbo a sus autos. Una de ellas me miró y me dijo que ya estaba todo mojado, que no se podía hacer ejercicio. Solo sonreí y seguí hacia adentro.
Me resguarde bajo un árbol para tomar un poco de aire. Los baños públicos tienen una pequeña caseta a un costado que sirve de lugar de descanso para el señor en cuestión.
Me arme de valor y Salí corriendo, cuando llegué al baño pude ver al guardia justo recargado en los torniquetes viéndome con cara de asombro pero de manera muy libidinosa ya que por el agua, mi blusa se mojó por completo y dejaba ver perfectamente la forma de mis tetas, mis pezones ya erectos se hacían visibles e invitaban a ser contemplados.
- Señorita, ¿qué hace aquí? Se está cayendo el cielo y no se puede hacer ejercicio ahorita ni pasear en el parque. Capaz que le cae un rayo ( re rio burlonamente)
- Si lo sé, es que aquí me bajo del camión para mi casa, vengo de regreso de la escuela pero me agarró la lluvia y no alcanzo a llegar a mi casa, de cualquier forma ya me mojé demasiado y no traigo nada para cambiarme y muero de frio, usted cree….
Pude ver como sus ojos se posaban sobre mis pechos, aproveche y jale mi blusa hacia abajo para que se pegara aun más y fueran muy notorios.
- Mire nada mas como se me mojó la blusa.
- Es lo que veo, traes hasta las luces altas.
- Oiga….. ¿porque me dice esas cosas? – Dije simulando un tono algo molesta.
- Es con respeto señorita, pero pues es que se ve muy bonita toda mojada.
- No es gracioso (simule una cara algo enojada pero sonreí un poco picara). ¿No tiene una toalla o algún trapo que me preste para ver si se puede secar mi blusa?
- Aquí en mi caseta tengo una toalla y una sudadera por si gusta y no le da cosita, está limpia por si se la quiere poner en lo que pasa la lluvia porque se ve que va a tardar.
- ¿Usted cree que tarde mucho en dejar de llover? ¿No creo que venga mucha gente ahorita verdad?
- No, ahorita ya hasta podría cerrar el parque. Aunque deje de llover como esta todo encharcado y mojado ya nadie viene hasta mañana.
- ¿En serio podría cerrar el parque? ¿Apoco no viene su jefe a verlo? – El saber que podría estar sola con él, sin interrupciones me excitó demasiado.
- No viene nadie. Solo que tengan evento o algo así pero pues nadie me dice nada….
- Y¿ porque no lo cierra mejor y me invita un café?
Me miro con los ojos desorbitados y me dijo:
- Pero si lo cierro, no vaya a pensar mal de mí. Nos quedaríamos solitos y luego… imagínese.
- ¿A poco no se acuerda de mi? Un día corriendo en fin de semana me torcí el tobillo y usted se acerco muy amablemente a sobarme.
Se le ilumino el rostro y esbozo una sonrisa. Se puso su impermeable y me dijo que iría a cerrar la puerta principal para que nadie interrumpiera ese café. Fue casi corriendo, pero eso no me impidió observarlo bien. Media aproximadamente 1.60 casi de mi estatura. Regordete, moreno, con una calvicie al estilo franciscano, manos toscas, con un olor algo agrio, como de sudor acumulado.
Me hizo fantasear en como tendría la verga, como seria, de qué color, tamaño, textura, olor, sabor.
Yo venía recién cogida. Aun sentía el sabor del semen de aquellos dos pero ya desea más y estaba segura que lo obtendría.
Vi como se acercaba corriendo, brincando los charcos de manera ineficiente hasta llegar a donde yo estaba. Me pidió que lo siguiera a su caseta. No fueron más allá de 10 pasos y estábamos entrando. El olor era a humedad y tenía una iluminación pobre. Sin ventanas, una mesita, un pequeño catre y un microondas de medio uso. Las paredes de ladrillo sin acabados ni nada, en resumen, demasiado austero.
El se quitó el impermeable y me estiró la mano con una toalla descolorida mientras buscaba en el catre la dichosa sudadera.
Yo me envolví en la toalla y empecé a frotar mi cabello para secarlo. El conectaba una pequeña parrilla eléctrica para poner un pocillo con agua y calentarla para hacernos un café.
Yo traía toda la ropa mojada así que necesitaba encontrar la manera de cambiarme pero al mismo tiempo de no verme tan ofrecida. Necesitaba que el tomara la iniciativa.
No tardaría mucho en hacerlo.
Se sentó en su silla y me miraba fijamente a los pechos, podía distinguir que ya se le estaba parando porque era demasiado evidente el bulto bajo su pantalón. Estaba sentado con las piernas abiertas y recargado en su totalidad cuando me preguntó:
- ¿No te da miedo quedarte encerrada en el parque conmigo? Eres muy bonita y estas muy chiquita.
- Pues ya tengo 18 y estoy por entrar a la universidad pero no me da miedo. Se ve que es buena persona. ¿a poco usted me haría daño?
- No, para nada. No te haría nada que tu no quisieras. ¿Por qué no te cambias? Te da pena que yo esté aquí?
- NO, para nada. Al contrario, agradezco su hospitalidad.
En ese momento me puse de pie. Comencé a desabrochar la blusa botón por botón hasta dejarla abierta por completo. No pude hacer nada más.
Sin previo aviso se levanto de su asiento se acerco muy rápido a mi y me quito la blusa de un jalón. Por reflejo di un paso hacia atrás pero quede pegada al muro. Me abrace cubriendo mi busto y mirándolo algo asustada en verdad pero a el no le importó. Me miraba y podía sentir el temblor de sus manos en mi cintura. Por unos segundos se quedó congelado pero no me quitaba la mirada de encima.
Yo le dije que no me hiciera daño, que no le diría a nadie que me ataco pero que por favor me dejara ir. Sin pensarlo y sin saber por qué las lagrimas asomaron por mis ojos, deslizándose por mi rostro copiosamente, comencé a sollozar y el solo me miraba. Dio un paso hacia atrás y se saco la verga. Una verga no muy grande pero si gorda, cabezona y cuando se jaló pude ver y oler que tenia días sin asearlo. De nuevo veía esa masilla blanca rebosante cubriendo ese glande. Pero a diferencia del conserje, este se veía más cubierto y olía mucho más agrio. Exagere los sollozos pero muy dentro de mi deseaba acercarme.
- Vamos a hacer algo chiquita. Yo te voy a dejar a ir después de que me lo chupes pero si dices algo o llego a tener algún problema por esto te juro que te vas a arrepentir. ¿Está claro?
- Si señor, pero por favor no me haga nada, le juro que no le diré a nadie.
- Ponte de rodillas.
Obedecí. Me pude de rodillas llevando mis manos hacia atrás. El avanzo ese paso que había retrocedido y su miembro quedó justo a la altura de mi boca. El olor se intensifico pero no me importó. Lo miré a los ojos y abrí mi boca. Se acercó un poco más hasta que su glande quedo justo rosando mis labios. Saqué la punta mi lengua y lo empecé a recorrer muy despacio sin meterlo a mi boca. Fui dejando que mis labios viajaran hasta la base de su verga y metí sus testículos a mi boca, los empecé a saborear con mucha calma dejando que mi lengua jugara con ellos.
La respiración de él era cada vez más agitada pero yo no le quitaba los ojos de encima.
Con una mano tomé esa verga gorda y cabezona y jale suavemente hacia la base para dejarla completamente expuesta. Metí a duras penas mi boca y con los dientes raspé esa masilla que se fue pegada dentro de mí. Jugué con ella dentro de mi cavidad oral, la degusté en mi paladar y ya que la tenía despegada abrí la boca y le mostré como tenía mi lengua nívea de toda ese esmegma. Con la otra mano lo tomé de los huevo y empecé a mamar frenéticamente. Cerré los ojos disfrutando de ese olor fuerte y sabor penetrante. El me sujeto del cabello fuertemente y empezó a mover mi cabeza para, literalmente cogerme por la boca.
Sin darme tiempo de nada, de un jalón me puso de pie, me dio la vuelta, me empinó y subió mi falda abrió mis nalgas y hundió su lengua hasta lo más profundo de mi culito. Por la impresión y la manera en que me estaba separando las nalgas, sin pensarlo me salió un pedo involuntario, el se aparto de un golpe y me disculpé sumamente apenada pero solo me ordeno que me callara. Se volvió a hincar y repitió la acción. Me empezó a gritar que quería que lo volviera a hacer. Salió uno más y el metía su lengua aun más profundo. La sensación de querer hacer del baño empezó a ser insostenible, mis piernas temblaban y salió un chorro de mi vagina mojando el piso, caí de rodillas presa del placer y de que seguía chorreando incontrolablemente.
Me tomó del cabello, me dio una pequeña bofetada para abrir mi boca. Lo hice pero ahora él se masturbaba frente a mí, muy cerca de mi boca hasta que un chorro grande y caliente llenó mi rostro. Le tome la verga y me la llevé a la boca, como becerro hambriento. Le mamé hasta la última gota, limpié mi cara con mis dedos y me lleve su semen a la lengua.
Me paré, acomode mi ropa y le dije que si me dejaba ir.
- Te voy a dejar ir chiquita solo si prometes regresar mañana y regalarme una tanguita usada.
- Así será. Créame que sí.
Nos dirigimos hacia la entrada del parque, la lluvia ya era solo una brisa insípida pero como el guardia había dicho, no había nadie en la calle. Justo antes de salir me dio una nalgada y metió su mano debajo de mi falda. Sentí sus dedos llegar hasta mi vagina y pasando por mi ano. Voltee a verlo y se estaba chupando los dedos
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