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Taxi!!!

 
Taxi!!!

Me fui a una entrevista y terminé mamando verga

No tenia como pagar la carrera, y se la mame al taxista para llegar a tiempo.
Esa mañana tuve que faltar al SENA, algo que casi nunca hago, pero me salió una entrevista de trabajo de última hora y no podía dejarla pasar. Con lo que estamos viviendo, cada oportunidad cuenta.
Me levanté temprano, alisté a mi hijo, le preparé algo rápido para desayunar y lo llevé a su escuela en Bello, como todos los días. El problema fue que entre su pasaje y el mío, se me fueron los únicos dos que tenía para el metro. Y como el trayecto desde El Poblado hasta allá es largo, ya no me alcanzaba para devolverme. Ni modo. Hice cuentas rápidas, miré la hora, y sin pensarlo mucho, crucé la calle y levanté la mano para agarrar el primer taxi que vi. Iba tarde, y no podía darme el lujo de perder esa oportunidad.
Tenía afán por la entrevista, así que decidí alistar la billetera para tenerla lista cuando llegáramos, empecé a buscarla en el bolso, pero no la veía. Empecé a estresarme, estaba segura de que la había guardado en el bolso. Volví a revisar, y no verla solo hacia que me estresara más —¡Ay, no! Por salir de afán, olvidé mi billetera— Dije buscándola por última vez. Es que nunca cargo efectivo; siempre dependo de mis aplicaciones de banco virtual y tarjetas de débito.
El estrés cada vez se notaba mas en mi cara, en medio de mis nervios mire al taxista con miedo y pena—Disculpa señor, pero tengo un problema—le dije riendo nerviosa—Olvide mi efectivo en casa. Pero tengo Nequi en mi celular, ¿podría pagarle así?
La rabia del taxista en su cara era notable, apretaba sus nudillos mientras manejaba. Me miraba por el retrovisor como si estuviera viendo al diablo—No, señorita, solo acepto efectivo—dijo mirándome enojado.
Mi corazón se aceleró. Sabía lo que vendría después. Pero soy una mujer creyente en el dinero virtual—le supliqué—No traigo efectivo ¿No podemos llegar a un acuerdo?
Me interrumpió demostrando su rabia—Lo siento. Soy un hombre de la vieja escuela. Y no entiendo esas aplicaciones. Pero en medio de la carretera no vamos a poder discutir, vamos al parqueadero de una bodega que conozco, allí podremos conversar.
El estrés se me notaba, al igual que los nervios, pero le dije que sí, el taxista condujo hasta la bodega que menciono, se estaciono en el parqueadero y freno apagando el motor. Con el motor apagado no dejaba de mirarme.
Me lanzaba miradas morbosas, mientras me miraba las tetas—Entonces como me pagaras.? No soy caritativo con los pasajeros que no pagan, la de las obras de caridad era María Teresa De Calcuta—me decía sintiéndose poderoso, y lo era, porque claramente el estaba ganando, y yo tenia todas las de perder.
Se me lagrimearon los ojos, pensando en la situación. Esta entrevista era mi última esperanza: ya llevaba tres meses debiendo el arriendo, y claramente con el hijueputa de mi ex novio, el papá del niño. Con ese malparido nunca se puede contar para nada, así que nunca lo tengo en cuenta para cuando tengo problemas, y mas que todo los económicos.
—Por favor, señor—le rogué—Necesito llegar a tiempo a esa entrevista. Le pagaré cuando pueda.
El conductor se me burló en la cara, claramente eso no iba a pasar, él no tenía garantías de que me volvería a ver en la vida—Mentirosa. Me pagaras ahora mismo, o llamo a la policía— me amenazo mirándome serio por el retrovisor.
Se me puso la mente en blanco, estaba bloqueada, no se me ocurrían más cosas para proponerle al taxista. Estaba desesperada, y si o si tenía que encontrar una solución. Fue ahí cuando se me ilumino el bombillo, y se me ocurrió una idea, era perversa sí, pero estaba en una situación donde no había tiempo para la moral. Me mordí el labio, me pase hacia el sillón del copiloto, subiéndome por encima del sillón, me senté al lado del conductor y lo mire pervertidamente.
—Escuche señor, esto es de vida o muerte...y ya que no hay otra forma de pagarle que no sea con plata, y claramente no nos estamos entendiendo—le dije sonriendo, mientras colocaba mi mano en su bulto—¿Qué le parece si lo dejo correrse en mi boca? Puedo simplemente volverme sumisa, y dejar que uses mi boca a tu antojo...
El taxista se quedó pálido, lo supe por la manera en que se tensó, y como sus ojos se abrieron sorprendidos, ante mi descarada sugerencia. Por un momento, me arrepentí de haber ido tan lejos y pasar los límites. Pero ese arrepentimiento fue momentáneo, y simplemente desapareció, mientras le acariciaba el bulto duro de su pantalón.
—Bueno mi amor. Veamos qué tan buena eres, y pongamos a prueba esos labios—me dijo, bajándose los pantalones. Sentí una calentura, mientras lo veía sacar su gruesa verga.
Me incliné hacia su pecho, y simplemente lo tomé en mi boca, sabia y olía feo, pero como ya me empezaba a arrechar, simplemente decidí ignorar su olor a sudor, y su sabor salado que tenía. Lo que si debo admitir es que era grande, lo que hizo que estirara mi mandíbula para acomodar su grosor. Tragaba saliva y me atragantaba mientras él penetraba mi boca, solo me concentre en chupársela, estaba decidida a cerrar el trato.
Empecé a mover la cabeza de arriba abajo por toda su verga, enroscándosela con la lengua. Sabía horrible vuelvo y lo digo, pero por alguna razón que desconozco, su sabor me excitaba. Sentí cómo me mojaba mientras mamaba.
—Mmmmm sí, así putita, chúpame bien rico la verga! —me decía gimiendo, mientras me agarraba el cabello—. Pásame esos labios de mama verga por los huevos.
Obediente y bien sumisa, me aparté para lamer sus gruesos huevos con la lengua, antes de chupar uno. Soltó un gemido ahogado y sacudiendo las caderas. Solté sus testículos por un momento, y continué con mi mamada, decidida a llegar a tiempo.
Lamía suavecito, y bien despacio, babeando sobre su palpitante verga. La saliva me resbalaba por la barbilla mientras le hacía una garganta profunda una y otra vez. Cerraba los ojos, y aunque no lo miraba, era excitante escucharlo gemir.
—Mmm, eres una zorra hambrienta de verga, ¿verdad? —decía insultándome, mientras embestía su verga contra mi boca caliente. —Nunca estoy satisfecha— le dije cuando me la saqué de la boca, para volverla a mamar.
El taxista no me daba tiempo ni de respirar. Me agarró fuerte del cabello y me restregaba la cara por su verga—Sigue mamando puta—Enséñame lo que haces con esa boquita.
Separaba mis labios y tomaba la punta de su verga, haciendo girar mi lengua alrededor de su tronco. Él gemía estremeciéndose, y forzando a que su gruesa verga pasara más allá de mis dientes. Luchaba por relajar la mandíbula, aunque en el fondo quería que la usara a su antojo.
—Trágatela ¡Trágate mi verga! —me exigía el taxista, sujetándome la cabeza y cogiéndose mi cara con fuerza. La baba me seguía resbalando por la barbilla mientras mis labios besaban el vello áspero de la base de su verga con cada embestida.
Mientras se la mamaba, me hizo una cola de caballo en el cabello, y agarrándolo con fuerza. Me guiaba la cabeza, agarrándola con brutalidad mientras seguía cogiéndose mi cara. Podía saborearlo, sentirlo retorcerse en mi lengua. La baba me resbalaba por la barbilla.
Abrí la garganta, relajando la mandíbula mientras lo dejaba penetrar más profundamente. Me llenó la boca por completo, su pene palpitaba contra mi lengua. Podía saborear la sal de su líquido preseminal, sentirlo resbaladizo en mis labios.
—Así es. Eres una buena zorrita— me decía gimiendo, y llegando prácticamente a su límite.
Estaba al límite, a punto de correrse—Ya detente perrita, necesito seguir trabajando— me dijo gimiendo a punto de correrse.
Me saque la verga de la boca, estaba a punto de decirle que si quedábamos a paz y salvo después de esa mamada. Y el taxista solo me dijo: Bájate y hazte en el parqueadero.
Hice exactamente lo que me pidió, me bajé del taxi y lo miraba desde el suelo en el parqueadero de la bodega. El taxista también se bajó después de mí, lo único que me dijo fue que me arrodillara.
El taxista me miraba con esa verga palpitándole, seguía durísima después de la tremenda mamada que le di, pero su grosor se notaba que no era de arrechera, sino de liberación, poder liberar todo ese semen que tenía en sus huevos. Simplemente le hice caso, y me arrodillé en el suelo del parqueadero mientras lo miraba.
—Eso, eres una buena putita sumisa—me decía mientras empezaba a masturbarse, apuntando su vergota justo hacia el suelo.
El taxista aumento el ritmo de su paja, haciendo que me excitara, porque ver a un hombre pajearse me vuelve bien perra, el taxista gimió, y todo ese hermoso y delicioso semen empezó a caer al suelo. Sin esperar que me lo dijera, me incliné hacia adelante, y sacando la lengua rápidamente empecé a lamer ese rico semen.
El taxista gemía excitado viéndome lamer y tomarme todo ese semen del suelo—Mmmm si buena putita. Lámelo todo, como la perra sucia que eres.
Nuevamente volví a obedecer, revolviendo la lengua en el suelo hasta que no quedó ni una gota. Mientras me sentaba sobre mis talones, el taxista empezó a subirse los pantalones—Eres una muy buena putita. Pero tengo que irme. Ya he perdido suficiente tiempo y plata.
El taxista me dijo que me subiera, que me iba a dejar en la empresa porque tiene que seguir trabajado Él se subió y yo me senté a su lado, al arrancar, el taxista por fin se presentó, ósea después de cogerme la boca Jajajajaja, y me dijo que se llamaba Jorge.
Mientras Jorge seguía manejando, mi mirada se posó nuevamente en su bulto. Ese bulto seguía duro, aun después de descargar todo ese semen, y aun después de cómo se la chupe, lleve mi mano hasta ese delicioso bulto, y empecé a bajarle los pantalones.
 Volví a agarrar su hermosa, gruesa y venosa verga. La tomé de nuevo en mi boca, pasándole la lengua, sintiendo que ya estaba dura de nuevo, Jorgr solo gemía disfrutando de mi mamada.
—Mmmm, me estoy empezando a enamorar de esa sucia boquita, eres una buena putita. Chúpala así—me decía sin dejar de manejar.
Sentí como sus huevos se tensaban, y supe que se volvería a correr. Simplemente relajé mi garganta y la llevé hasta el fondo, tragando su verga. Su verga empezó a bombear dentro de mi boca, y finalmente explotó, se corrió en toda mi garganta. Lo tragué de nuevo, sin derramar ni una sola gota de semen. Cuando su verga se volvió a ablandar, me aparté lamiéndosela y masturbando.
Me limpié la boca y le sonreí—Oye, casi no me gusta cargar efectivo, por si quieres volver a jugar con mi boca otro día de estos— Le dije mientras sacaba mi libreta y un lapicero, le anoté mi número, arranque la hoja. Y se la entregue volviendo a guardar la libreta y el lapicero.
Se río, una risa profunda y retumbante—Lo tendré en cuenta. Pero no deberías aplicar a esa empresa, con esa boquita tan rica podrías ganarte bien la vida, sin esforzarte— me dijo prácticamente que me volviera prepago.
Negué con la cabeza. —Gracias, pero creo que por ahora paso, llevo años soñando con entrar a una empresa, pero gracias. Y gracias por relajarme antes de la entrevista.
Me baje del taxi, me acomode la falda y la blusa. Nadie adivinaría las guarradas que acababa de hacer. Le sonreí de nuevo a Jorge y caminé hasta la entrada al edificio.

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